Todo comenzó con Alfredo, un niño lleno de luz que llegó a nuestra vida con una condición inesperada: una incompatibilidad de sangre al nacer. Aquello que parecía solo un diagnóstico médico, pronto se convirtió en un camino lleno de retos, tratamientos y aprendizajes que marcaron nuestra historia.
Durante los primeros años, enfrentamos hospitales, terapias y la incertidumbre del "qué pasará mañana". Pero también descubrimos la fuerza que nace del amor, de la unión familiar y del apoyo de personas dispuestas a tender la mano.
Ese trayecto nos enseñó que ningún papá ni ninguna mamá debería transitar este camino en soledad. Que cada niño con una condición diferente merece acceso a terapias, materiales y acompañamiento para desarrollar al máximo su potencial.